El Cine

Lunes 29 de Febrero de 2016. El día extra del año.

Lo estaba esperando paciente en la entrada del cine, había dicho 12:20 y apenas eran 12:10, no me gusta ser impuntal.

Escuchaba música y leía a Murakami desde mi celular hasta que sentí que alguien se había parado justo a mi lado, le miré y sonreí. Eran 12:23.

Estaba totalmente nerviosa luego de mirar sus ojos y sentir el aroma de marihuana en su sueter blanco.

Le comenté que si habían ya varias personas entrando a la película de las 12:25… Así que nos quedamos pensando, él me pedía opinión pero le dije que era libre de escoger por ser su idea, al final ambos decidimos ir a otro cine.

— Oye… ¿Puedo ponerme las bragas entonces?

— Uhmmm… No. Así quédate.

— Pero no quiero subirme así al bus… Quiero ponerlas en su sitio.

— No, he dicho no. Vámonos que se nos hace tarde.

Caminamos hacia el estacionamiento y de repente él caminó a mi lado izquierda, me dio una nalgada y me la apretó muy fuerte.

— ¡Oye! Contrólate sí…

— Solo quería asegurarme de que realmente venías sin bragas. Me encanta así.

Ibamos saliendo a la carretera cuando me sentí cohibida, no quería subirme a un autobus sin bragas, aunque detrás de mi fuera él cuidándome.

— ¿Podemos ir en taxi? Yo lo pago, no creo que sea caro.

— Jajaja esta bien, no importa, vamos.

Dentro del taxi abrí mi bolso y saqué la braga hecha rollito, la miré, le sonreí y se la entregué en las manos.

— Toma, para que la guardes mientras tanto.

La observó sin abrirla y se rió, la guardó en su pantalón y seguimos hablando de cosas triviales hasta llegar a la siguiente plaza. Bajamos del taxi, él pagó y seguimos charlando un poco hasta llegar a las escaleras eléctricas, yo subí primero y él se acomodó justo detrás de mí solo para apretarme otra vez las nalgas discretamente. Le miré con cara de berrinche y le susurré un basta. Así, con calma, nos sentamos en una jardinera a esperar que diera al menos, la una.

Él fumaba un cigarro y yo estaba callada, a momentos platicábamos, a momentos solo era el ruido de los autos y la poca gente en la plaza.

Ahí estaba yo nuevamente y ahora si con ganas de jugar algo totalmente diferente a lo acostumbrado… Me preguntaba si el silencio le resultaba incómodo, si debía hablarle más, si debía dejar las cosas así, a fin de cuentas solo íbamos a coger.

— Vamos, ya es hora, chica.

Nos dirigimos a las siguientes escaleras electricas y me preguntó:

— ¿Qué tal si me bajo unos cuatro o cinco escalones? La vista sería muy buena, interesante.

— ¡Ah! No lo hagas ya, además dudo que se vea algo. Ja.

— ¿Tan segura? Te apuesto lo que quieras a que de verdad sería una vista realmente buena desde más abajo.

— Uhm entonces no te muevas y quédate detrás de mí… Tampoco quiero dar un gran espectáculo.

Se carcajeó y así lo hizo, acomodarse detrás de mí lo que restaba de las escaleras mientras yo con mis manos evitaba que la falda se levantara o moviera demasiado.

— ¿Qué película dijimos, mujer?

— Deadpool!…

Y entonces había gente comprando muchos boletos para esa película… Optamos por la que menos queríamos, pero era la única en la que todavía nadie compraba boletos.

El pasillo hacía la sala estaba deshabitado y repentinamente tenía su mano en mi nalga, apretándola y amasándola por encima de la falda. Lo reprendí, volvió a reírse.

La sala estaba sola, medio oscura. Era perfecta.

Me puse a jugar con su erección sobre el pantalón de mezclilla, pero él todavía me enseñaba cómo debía hacerlo, apretar más fuerte, subir y bajar. Me sentí novata… Bajé el zipper de su pantalón y metí mi mano, pero me atoré y empecé a reírme demasiado, en ese momento entraron dos personas al cine y tuve que disimular abrazarlo mientras me seguía riendo.

— ¿Te ríes por el trailer de la película o porque te atoraste?

— Las dos cosas.

Logré sacar mi manita y preferí acomodarme en el sillón, le eché las piernas encima de las suyas.

— Vamos a esperar a que inicie la película.

Un par de minutos y empezó. Abrí un tantito mis piernas y él metió su mano solo para acariciar un poco.

— Estás empapada…

Mi sonrisa fue traviesa y cerré las piernas.

Estuvo acaricándome suave y rico durante un rato, más mojada, más excitada y el problema era quedarme callada, cosa que casi nunca lograba, ahora si. Él me observaba a momentos y regresaba sus ojos a la pantalla del cine, pero no se detenía, sus dedos continúaban moviéndose.

Yo no sabía de qué iba la película, solo tenía conciencia del orgasmo que se me estaba viniendo encima. Tomé su mano y la guié para que introdujera los dedos a ritmo delicioso mientras yo me encargaba de sobar el clítoris… Me corrí en su mano, lo dejé lleno de fluído.

Otra vez su sonrisa mientras sacaba la erección del pantalón, la liberaba y se me antojaba, realmente moría por tenerla en mi boca, chuparla sin mesura y disfrutar… Pero no podía, tenía que ser cuidadosa y silenciosa porque había dos parejas más en la sala del cine.

La tuve en mi boca, le pasaba mi lengua muy lento y mis labios atrapaban la punta para deslizarse toda su longitud hasta sentir el roce en mi garganta. Lo repetía una y otra vez, la textura suave contra mi lengua me fascinaba, no me detenía, sus manos presionando mi cabeza, sus dedos enredados en mi cabello… Se vino en mi boca y tragué, le lamí hasta limpiarle, chupé despacito y entonces me separé para acomodarme en mi sillón.

Vimos la película un rato.

— Voy a dormirme un rato… Jaja.

Cruzó sus brazos y se recargó, cerró sus ojos. No, no iba yo a verlo dormir. Tomé una de sus manos y la puse otra vez entre mis piernas, pudo notar que seguía húmeda, muy húmeda. Se dedicó a meter y sacar sus dedos durante un rato pequeño hasta que terminé temblando y cerrando mis piernas atrapando su mano, había sido exquisito.

Sabíamos que nos faltaba solo una cosa para dar por cumplida esa fantasía.

— La quiero adentro. Métela entre mis piernas.

— Ven aquí entonces.

Lo dudé, lo pensé, y sus ojos me suplicaban montarme ya… ¿Qué posibilidad había de que las personas delante de nosotros se percataran de lo que hacíamos? Me levanté despacio y me senté sobre él lento, para sentir cómo penetraba centímetro a centímetro.

Estaba sentada encima de él en medio de una sala de cine casi vacía… Sería todo un reto quedarme callada con lo excitada que estaba y lo húmeda que me sentía.

Moví mi pelvis de adelante hacía atrás mientras sus manos estaban apretando mi cadera y su respiración se encontraba justo en mi cuello. Podía notar lo caliente y excitado que él se sentía porque enterraba cada vez más sus dedos en mi piel, porque su respiración se agitaba… Fueron unos minutos eternos y deliciosos, pude quedarme en silencio a pesar del orgasmo, él siempre ha podido ser discreto.

— ¿Me perdí mucho de la película?

— Realmente no lo sé, ni siquiera la estaba viendo…

— Oh, si que te distraíste mujer. ¡Jajaja! Esperemos no habernos perdido mucho.

Salimos del cine platicando, tan normal como siempre y como nunca.

 

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