Un Domingo de hace poco

Subí al auto con sus amigos, iban a dejarnos por ahí cerca de algún motel en la autopista pues porque “pobres los dos” y no hay auto.

Mientras esperábamos por la habitación en la sala, tuvimos conversaciones comunes de la universidad y trabajo, aunque de repente su mano se escapaba hacia mi pierna subiendo por el muslo y yo las abría un poquito para sentir mejor.

— Voy a ducharme, luego te duchas tú.

Así que me metí al baño y cerraría la puerta cuando lo vi medio entrar.

— Tienes 10 minutos mientras fumo un cigarro, luego te acompañaré.

Le guiñé el ojo y cerré la puerta, puse música sensual y comencé a desvertirme lento mientras acomodaba la ropa para no arrugarla. El agua salía ya caliente, yo me miraba al espejo fijamente.

“No eres fea, tampoco la bonita, eres término apenas medio.”

Me duché en 5 minutos y envolví la toalla alrededor de mi cuerpo con esa presión justo a la mitad de los pechos para resaltarlos tantito, pequeños pero visibles.

Estudié la habitación del motel, me había quedado parada justo en medio.

— ¿Ya terminaste? ¿No me esperaste? ¿Entonces me ducho?

Le sonreí, lo empujé al baño, le cerré la puerta. Y las carcajadas no se hicieron esperar.

Dejé caer mi cuerpo a la enorme cama para no pensar en nada, relajarme y ya me estaba quedando dormida. Él salió del baño medio raro.

— ¿Está haciendo frío o soy yo?

— Eres tú.

Solté la risa cuando lo vi temblando y escurriendo de agua. Levanté la cobija café y le hice señas pero se negó rotundamente a meterse ahí; secó toda su piel blanca para tirarse a lado mío y hacer a un lado mi estorbosa toalla. Yo estaba húmeda, y no era por la ducha.

Sus dedos se habían introducido en lo caliente de mi vagina, lento y jugando ahí dentro hasta hacer gemir suave y contínuo. Me gustaba lo que hacía, me excitaba tener su mirada fija en la mía hasta que ya no resistía, y cerraba los ojos para concentrarme en el placer que me provocaba.

[…]

Olvidé el resto, solo sé que quise ir a fumar un cigarro cuando él dijo que iba a dormirse pero en cambio escuché un “Te acompaño a fumar” mientras se levantaba de la cama y caminaba detrás de mí. Al final no lo soporté y amablemente le mandé a descansar porque en un par de horas iría a trabajar. Refunfuñó pero se fue a dormir.

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