Costumbre y olvido

Ya tengo mucho tiempo sin escribir lo que me sucede entre las sábanas, y apuesto a que han sido mucho más divertidas que las cosas que hasta su momento aquí relaté… Pero es que ya no las recuerdo vívidamente durante más de dos o tres días u olvido que lo hicimos el fin de semana pasado.

Sin embargo continuo con el mismo personaje en mi vida que permití se hiciera un hueco en los sentimientos que todavía no entiendo por completo.


El sábado pasado salí con mis amigos del trabajo porque era cumpleaños de una compañera, así que como siempre íbamos a su casa, bebíamos, bailábamos, jugabamos juegos de mesa, contábamos anécdotas de la oficina y reíamos. A la mayoría se le pasaron las copas y a mí se me quedaron a la mitad… Y es que no he dicho que después de varias veces decirme que era la última, él, sin dudarlo me bloqueaba de sus contactos telefónicos, y me hice a la idea de que ya jamás lo vería.

Le llamé el domingo a las 5 y media de la madrugada, y entre ebria y sentimental me di cuenta que el teléfono estaba sonando ¡Esperen! ¿Qué no estaba bloqueada? No, ya no. ¿Me vería como una persona que le quita el tiempo en vez de ayudar? Ok. Me respondió un poco dormido pero ante mi insistencia y voz cortada, casi llorando y desesperada, me dijo que podía ir a verlo.

Abrió la puerta y pasé directamente a su habitación, echándome encima de él y quitándome la blusa para que él gruñera mientras miraba lo sexy y apetecible que me veía con esa lencería en azul marino. Pasó sus manos por mi cintura y apretó mi piel entre sus dedos mientras yo me movía encima, provocándole poquito.

No recuerdo más… excepto que terminando y desnudos, me ayudó a cubrirme con una cobija para mi sola ¿Estaba ebria, no? Fui sincera – Voy ahí – le dije al momento en que me metía bajo su cobija y lo abrazaba, me acurruqué en su pecho y le pasé mi pierna encima ¿Él? Pasó su brazo sobre mí para acomodarnos mejor. ¿Yo? Mordisqueé su piel y deslicé mi mano hasta su entrepierna -Ey, no. Vamos a dormir- me susurró en tono serio pero le vencí cuando finalmente puse mi boca para chupar.


Este sábado por la madrugada me estuvo llamando, insistiendo, rogando dijo él. Y qué así como él me recibía a las 6 de la mañana, yo lo hiciera también, que no fuera injusta… Lo pedía “por favor” y al final mi nombre.

Las personas te encuentran el modo, y en esta ocasión ambos nos sabemos el uno del otro.

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