En mi habitación

El nuevo chico me preguntó si yo quería un café o algo parecido mientras venía de camino a mi departamento, el plan era ir al cine a eso de las 8 p.m., faltaban al menos hora y media. Lo esperé en la entrada de mi edificio y le dije que me acompañara arriba ya que no quería ir al cine en ropa tan formal por culpa del trabajo, se rió y pude ver sus hoyuelos en cada mejilla… Tan lindo.

En mi mente ya estaba armando el plan perfecto para tenerlo en mis piernas: no funcionó del todo.

Nos echamos en la cama a platicar, hacer bromas, pero mi sueño comenzó a vencerme… Él se tomó la molestia de acariciar mi cabello sin detenerse ocupando sus ojos en el libro que traía pendiente, no continuó la conversación.

No sabía cómo seducirlo porque al hablarle, tardaba al menos cuatro o cinco segundos en despegar la mirada de su página y posarla en mi rostro. Lo intenté al menos unas tres veces. A la cuarta, me desesperé, me levanté, tomé un short bastante corto, me salí del cuarto para cambiarme, regresé a la habitación y me lancé a la cama. Él hizo ademán de continuar enredando sus dedos entre mis rizos sin soltar el libro de la otra mano, pero lo detuve.

– ¿Qué sucede? – Se acomodó sobre su codo para poder mirarme.
– No quiero arruinarlo, esto me agrada bastante – refunfuñé mientras pronunciaba esas palabras.
– ¿Por qué motivo lo arruinarías? Explícame… -Su rostro no mostraba ansiedad, sino curiosidad de un niño con tan solo 10 años.
– ¿Recuerdas mi presentación? Esa medio vergonzosa.
– Si, y dijimos que prepararías otra, también que podíamos fingir que esa no fue la primera presentación – Dibujó una sonrisa traviesa y me despeinó.
– Bien…. No deberíamos olvidarla, ese detalle, la parte sexual… Tengo apetito. – Me sonrojé bastante y no lo miré para nada.
– Candysh, dime qué no te gusta comer – Me apretó la mejilla.

Entonces le di toda una lista de platillos que no suelo frecuentar y platillos que no comería a menos que estuviera muriendo de hambre, al menos con este tema me distrajo unos 20 o 25 minutos.

– ¡Estoy húmeda! – interrumpí su última oración sobre los mariscos.
– Espero ser el culpable – puso su cuerpo sobre el mío mientras besaba mi frente.
– Me agrada este tipo de charla seria. Vamos a separar nuestra amistad y lo que suceda en una cama.
– Perfecto Candysh, no es como que yo busque algo serio, en realidad, huyo- besó mi frente varias veces, hasta deslizar su boca en el hueco entre mis senos.

¿No busca nada serio? Pero si ¡hola! … Esperen, Candysh esta confundida otra vez.

No tuvimos sexo, solo estuvimos medio desnudos, besos y caricias tan delicadas que me hicieron desperar, pero él me acurrucó contra su pecho y besó mi frente un par de ocasiones más.

– Tranquila, quédate quieta.

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