Elegí querer

“No quiero nada serio en este momento, quiero poner orden a mi vida” – pronunció Isaac  mientras me rodeaba con su brazo izquierdo, y con su mano derecha se tocaba el cabello, ansioso.

Suspiré, comenzaba a gustarme, comenzaba a sentirme más cómoda sin importar que me obligara a hablar e interactuar más cuando bien sabía lo callada y aburrida que era.

Tal vez la segunda oportunidad, la segunda ocasión en que me crucé en su vida exactamente un año después, tampoco se daría, no fue adecuado.

Recuerdo la primera oportunidad, la primera ocasión en que nos topamos a media calle, yo tenía pocos días de haber iniciado una relación con el chico brasileño para forzar mi olvido sobre aquel personaje constante en mi triste vida que nunca que me quiso y nunca dejó de utilizarme para saciar su apetito sexual. Isaac dijo que le cancelé tres veces antes de que se diera por vencido en salir conmigo, aquella primera oportunidad.

Nunca fui suficiente para “él”.

No fui suficiente para el siguiente.

Caí en la cuenta de que tampoco estoy siendo suficiente para este nuevo participante de mi vida.

Me siento torpe ¿Cómo debería sentirme sino es así? Me costó un poco abrirme con él, a veces no quería verlo porque ya era muchas veces que salíamos, a veces no quería pasar todo un día con él porque me hacía sentir incómoda a ratos. Luego descubrí que era divertida esa incomodidad, y me empujaba a más.

No soy suficiente.

Me parece que jamás lo seré si elijo querer y no ser querida.

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