Soltar a una persona

Recuerdo que detuve mi bote en medio del océano, le dije que estaba molesta porque las cosas habían terminado de mal modo entre ambos, como no queriendo dejarnos ir y en realidad ninguno era serio en los sentimientos mutuos. Entonces decidí en ese instante que debía ponerle en su propio bote y verle partir, alejarse por el mismo movimiento del océano hacia la puesta de sol. Se había perdido y yo había llorado suficiente por su partida.

Ha pasado un tiempo y desconozco si el mismo océano lo arrojó cerca de mi costa otra vez o fueron los remos que le dejé, los cuales tenían el camino grabado hacia mí… Porque lo vi caminando por el muelle que dirigía a mi hogar y saludándome tan alegre como siempre cuando me vio brincando las olas. ¿Acaso él tenía idea de cuan rota me encontraba aún? Sin embargo, le recibí otra vez con los brazos abiertos, alegre de mirar su sonrisa torcida, de saber que por el motivo que fuera, estaba de regreso.

He pensado bastante, he pensado que es tiempo de devolverle al océano y en esta ocasión atarle una gran bola de acero a sus pies o envolverlo con cadenas, y lanzarle hasta ver cómo desaparece de mis ojos, esos que tanto le extrañan.

¿Por qué le extrañan? Es simple, a través de ellos me sentía en paz con su figura y observaba a su voz dibujar historias sobre la mesa mientras bebíamos café.

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