Borrador IV: Los ojos de Ichigo

Después de tres semanas me encontré nuevamente con Ichigo entre mis piernas una bonita mañana de viernes. Él lamía entretenido el interior de mis muslos, mordisqueaba a momentos y me hacía gemir muy suave; mis dedos enredándose entre su cabello lacio y negro provocaban un éxtasis que subía hasta mis pechos haciendo resaltar los pezones.

“Recuerda que almorzaremos en el centro de la ciudad y tenemos reservación, no podemos tardar tanto en este pequeño postre, gato”.
“Lo sé… Pero tienes un sabor delicioso, te extrañaba”.

Hubo un silencio, no era algo que iba a responder; minutos después terminé corriéndome en su boca abruptamente; su lengua se encargó de limpiar.

Después de tomar una ducha rápida y secar mi cabello, sentí la mirada de Ichigo inspeccionando mi espalda.

“¿Alguien te ha lastimado? Tienes una pequeña marca en medio de tus omóplatos”.
“Nada grave, cayó un libro sobre mí hace un par de días”.
“Deberías usar el vestido amarillo con flores blancas, y tus botas negras, esas bonitas y agresivas”.

Ayudó a subir el zipper de mi vestido con delicadeza y se tomó unos segundos más para besar mi cuello. Era él, la paz que mi mente necesitaba, las entretenidas pláticas de sus libros, sobre su trabajo, un abrazo cálido y la ternura al cuidarme, era paciencia para mis silencios.

Nuestros términos comenzaban a confundirse y habíamos acordado un café para tener una charla seria y sin terminar en la cama mezclando emociones, como últimamente sucedía.

“Buenos días, señorita. Confirmo la reservación, por favor, adelante.”

La cafetería favorita, había pedido una mesa en el rincón, no tan a la vista, no tan encerrada. Ichigo tomó mi mano y caminó detrás de mí con cautela, su porte elegante y dulce atraía miradas amables, miradas que se volvían tranquilas, que hacían juego con su camisa gris claro.

“Dos tazas de café especial… Y pastel de chocolate con fresas”

Sus ojos se clavaron sobre mi rostro exigiendo honestidad brutal, esa de la que a veces se me escapa y lastimo antes de ser lastimada.

“¿Cuánto tiempo nos hemos visto, Ichigo?”.
“Lo suficiente para haber finalizado hace ya unos meses. Admito que sigo obsesionado con tu cuerpo, con cada centímetro de piel, con el color de tus ojos, con tus uñas cortas, con tus pequeñas pestañas, con tus muslos delgados, con tus pies…”
“Suficiente. Se resume a la obsesión con mi persona. ¿Son catorce meses? Desde que te presentaron en la junta directiva y tuvimos que compartir el viaje de negocio. Me agradas, me acomodo a tu personalidad.”
“En realidad, te acomodas con la personalidad de la mayoría pero no lo has notado.”

Sentí una herida hecha por las pupilas de este joven, sus ojos habían roto algo que no entendía. Intentaban decir más que su voz en ese instante.

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