Borrador IX: El deseo de Ichigo

Capítulo anterior >>> “Camino al Sótano”


– Bélgica es hermosa… – observó el río y los puentes que adornaban el camino mientras tomaba de la mano a Amaya.
– Ichigo… Aún no me has dicho qué pedirás… Puede que me arrepienta y cancele esta tediosa espera. Eso significa “castigo”.
– ¿Acaso ya decidiste que si puedo poseerte?
– Hay reglas, y no deseo pertenecer a alguien. Yo soy libre, nada de lo que solicitas cumple con el curso natural de mi existencia.
– ¿Hay algo de lo que me hayas dicho que sea parte de la naturaleza? ¿Siempre es “existencia”?
– Tienes un Dios al que no le agrada mi existencia, pero si él nos hiciera desaparecer entonces nadie le rezaría, lo olvidarían porque siempre vivirían con amor, sin la necesidad de pecar, sería una vida pura… Y aburrida para tu Dios omnipotente. ¿Sabes que empiezo a hablar de más? Hay información que un terrano como tú no debería saber.

El rostro de Ichigo se iluminó al observar la iglesia que tenían frente a ellos, la jaló un poco y la obligó a entrar junto a él.

– ¿Qué tiene de especial un sitio como este? Puedo admirar la arquitectura, pero no me resulta sagrado ni nada similar.
– Lo entiendo, Amaya… Yo solo quería mostrarte lo que quiero ser… – la guio hasta la estatua de un ángel perfectamente cincelado.
– Debió ser un magnífico artista.
– ¿Sabes quién es?
– Puedo adivinar, pero la lista de ángeles y servidores de Dios es larga, además de que a los terranos…
– No me llames así. Solo di “humanos” – la interrumpió.
– Además de que a los humanos les da por hacer santos, ritos extraños y basar a estas figuras en otros humanos.
– ¿Cuál es tu forma original? Ahora puedo verte y tienes la imagen de un humano.
– Solo soy una especie de nube negra, pero admito que el cuerpo humano es el mejor envase que hemos encontrado; para llevar la contraria a tu Dios.

Ella se sentó en una de las bancas más cercanas a la estatua, y comenzó a rezar a tono de burla mientras miraba a otra señora que se encontraba más adelante, llorando.

– Ya sé que es lo que deseo. ¿Cualquier cosa que solo tenga que ver con humanos, cierto?
– Si, no vale la pena enrollarte en cuentos demoníacos.
– Quiero conocer a la persona que tiene el alma de aquel al que amé en mi vida pasada.
– Eres impredecible ¿No quieres riqueza material?
– Ya tengo suficiente.
– Correcto. ¿Quieres conocerla… ya?
– No, quiero unos días más a tu lado, después llévame a donde se encuentre.
– ¿Vida pasada como hombre o mujer?
– ¿Acaso hay diferencia cuando se trata de amor?
– No siempre están destinados a encontrarse o amarse nuevamente.
– Amaya, volvamos a la galería… Quiero hacer un último retrato de ti, el que deba completar mi colección de obsesiones.

En el segundo piso de la galería se encontraba el estudio de Ichigo, tan blanco e impecable que a veces le causaba un dolor de cabeza a la pequeña mujer. Cuando la puerta se cerró detrás de ella, no dudó ni un segundo en quitarse cada prenda que llevaba, una blusa negra, una falda roja, unas zapatillas negras, la lencería negra, soltó su cabello y caminó al centro de todo el sitio, detuvo sus pasos cuando creyó que la luz que se colaba por la ventana iluminaba a la perfección las cicatrices y tatuajes que cubrían toda su espalda.

– De las cosas que no puedo tener, siempre guardo al menos una fotografía. – decía al momento en que señalaba un estante café al fondo del lugar.
– Gracias por el honor… Ahora, encárgate de perpetrar mi tristeza y este cuerpo humano en tu cámara fotográfica, tengo la necesidad de abandonarte pronto.

El silencio inundó el lugar y solo se escuchaban las respiraciones del fotógrafo en compañía de los ruidos del exterior; para él era firmar un contrato en el que entregaba el alma a un demonio a cambio de llenar su vida, Ichigo buscaba amar y entregar todo su ser, quería sentirse necesitado y ser el sol de alguien hasta quemarle y explotar juntos.

– Los humanos son peculiares, ahora entiendo porque Dios continúa entretenido sin prestar mucha atención a lo que hacemos sus pequeños ángeles caídos.


Capítulo siguiente >>> “Introducción al Infierno”

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