Te amé, querida.

Después de dispararle varias veces, se dio cuenta de que la sangre salpicó hasta su rostro, así que guardó el arma y se acercó despacio al cuerpo casi sin vida de la mujer con cabello negro.

No le importó ensuciarse más, la sostuvo entre sus brazos y besó su frente, sus ojos fríos aceptaban que pronto le abandonaría.

– Tú dijiste que me amarías hasta la muerte… – pronunció sin fuerza una voz femenina.

Él la dejó en el suelo después de escucharla y aún hincado a su lado le retiró el cabello de sus ojos, le acarició con delicadeza.

– Yo te amaría hasta la muerte… ¿Qué te hizo pensar que hablaba de la mía, querida?

Se limpió un poco el rostro y se levantó mientras daba un largo suspiro. La observó una última vez y despacio abandonó el lugar dejando al aire palabras para el cadáver de su adorada esposa.

– Ni un ápice de tu amor le pertenecerá a otros, solo existió para mí.

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