El disfraz de mi novio VI

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¡La fiesta había sido un éxito!

¡Y yo no podía creer que Seven obligara a todos a usar un disfraz! Zen y él eran la pareja de sirvientes; Jumin fue un lindo conejito, Yoosung interpretó a Cenicienta antes del baile, Jaehee aunque no lo creyera, se disfrazó de la súper estrella Zen, y Jihyun, bueno, el artista optó por colgarse del cuello un lienzo blanco; reí, todos eran únicos.

En el camino de regreso a casa estuve recordando lo mucho que me había divertido, todos parecían relajados, cálidos, una pequeña y nueva familia… Eso tenía.

– Hemos llegado a la nave espacial 606 – hizo sonar la bocina del auto a media madrugada.
– ¡Los vecinos, tonto! – solo escuché su carcajada – Bien, mi querido no terrícola 707 es momento de despedirse… – quité mi cinturón de seguridad y me acerqué para besarlo.
– Mmmm – separó sus labios de los míos y acarició mi mejilla – Te acompaño… Ahora que lo pienso, todavía eres una brujita… Debería mandarte a la hoguera.

El pelirrojo insistió en acompañarme en el corto trayecto después de decir una rareza, lo vi bajar y dirigirse hasta mi puerta para ayudarme a salir de su hermoso bebé, todo un caballero, pensé. Caminó tomado a mi mano hasta la entrada de la casa y solo me soltó porque yo debía abrir la puerta; era hora de despedirme de mi adorado hacker.

– Gracias por todo lo de hoy – besé su mejilla.
– ¿Ehhh? ¿Por qué lo agradeces, novia mía? – pellizcó mis mejillas en respuesta.
– ¿Y por qué no? – le devolví la sonrisa.
– Este bombón quiere más que un gracias, y como ya te he ofrecido a la hoguera…
– ¿Ah?

Sus ojos cambiaron ligeramente, parecían oscuros a pesar del color cristalino que poseían y sin darme tiempo a preguntar si algo le preocupaba, posó su boca sobre la mía para dejar un beso apasionado en el que su lengua se abría paso a través de mis labios para llegar a la mía, sus manos sostenían mis mejillas y no me permitía alejarme.

Decidí pasar mis brazos alrededor de su cintura y atraerlo un poco más; él sonrió mientras me besaba y como respuesta, su mano izquierda se resbaló hasta uno de mis pechos para darle un suave masaje por encima de mi disfraz…

Él estaba provocando que mi respiración fuese agitada y que se me escaparan ligeros suspiros ante su tacto.

Sin dejar de besarme, en esta ocasión llevó sus manos a mi pequeño trasero y lo apretó entre ellas, se volvía un poco brusco y su lengua casi violando mi boca demostraba que estaba excitado.

– Los vecinos, Saeyoung – logré pronunciar cuando su lengua delineaba mi mandíbula con destino al cuello.

Me dio un momento para recuperar el aliento mientras recargaba su frente contra la mía sin quitar sus manos de mi trasero, las mías yacían alrededor de su cintura y mi pensamiento estaba en espiral debido a su atrevida acción.

– Creo que el bombón se nos está derritiendo…
– Calla… – mordió mi labio – venga, quemaremos a la bruja.

Me empujó dentro de la casa y cerró la puerta detrás de él, parecía tramar algo estúpido o realmente grandioso, pero era Saeyoung ¡Cualquier cosa era posible! Me tomó del brazo y me arrastró a toda prisa hasta la habitación sin darme alguna otra explicación… Al llegar, también cerró la puerta, aunque no tenía ni idea de porqué lo hacía, nadie más entraría a mi casa, solo éramos nosotros dos.

– ¿Qué planeas, genio?
– Haré los anuncios preliminares… ¡Chan chan chan!… ¡La hoguera! – señaló la cama de sábanas color lila.
– ¿Si…? – me alejé unos tres pasos de él.
– ¡LA BRUJA! – me señaló.
– Es obvio… – le miré mientras mordía mi dedo de forma traviesa.
– ¡Ufff! No hagas eso, me distraes…
– ¡Bien! – bajé la mano mientras él aclaraba su garganta.
– Y por aquí… – se acercó a la cama y se sentó, subió su falda mostrando una erección – el palo en el que montaremos a la bruja para que se queme en la hoguera…

Apreté los labios aguantando una carcajada obvia por su juego erótico, pero hubo algo más que asaltó mi pensamiento.

– Me agrada la idea de poner a la bruja en el palo, pero… ¿En qué momento te quitaste la ropa interior…?

Su rostro se sonrojó, yo no pude evitar hacer la pregunta porque saliendo de casa de V hacia el auto, jamás lo perdí de vista. ¿Acaso anduvo así un rato durante la fiesta?… ¡Pervertido!… Pero me excitaba la idea de su nuevo «soy peligroso». Debió ser cuando me dijo que lo observara subir las escaleras del balcón, pero al acercarse Jaehee en dirección mía, él corrió de regreso con las manos sobre su falda, al parecer evitando que esta se balanceara.

– No importa cuando fue, podemos repetirlo, tú o yo, con faldita… – me acaloré de solo imaginarlo otra vez haciendo esa travesuras.

Extendió su mano para mí y yo caminé hacia donde encontraría a mi dulce mucama, pero al tomar su mano solo la usé para arrodillarme entre sus piernas y sin hacerlo esperar más, mi boca húmeda fue directo a besar la punta de su miembro. Lo escuché gemir muy suave…

Mi lengua fue recorriendo cada centímetro de la erección de Saeyoung, me gustaba dejar un camino de saliva desde la base hasta la punta, en la cual me entretenía rodeándola con los labios y jugueteando con mi lengua aquello que quedaba atrapado dentro de mi boca.

– ¡Diablos, princesa! – sus gemidos cada vez eran más intensos – Hazlo lento que no quiero terminar aún.
– ¿Mmmh…? – ignoré su orden y seguí lamiendo.
– ¡Alto! – su mano sujetó mi cabello en un intento suave – Sube… Tengo ganas de verte encima mío y morderte esa deliciosa espalda…

Usó la mano que sostenía el cabello para acercar mi rostro a él y besarme, hurgar en mi boca con su lengua; me excitaba tanto que él quisiera probar sus fluidos a través de mí.

Cuando nuestro beso terminó y me soltó por completo, me di media vuelta, quité mi vestido y después la ropa interior para dejar mi cuerpo desnudo; con mi mano derecha alcancé su miembro y poco a poco lo introduje en mí mientras me sentaba sobre él… Él un tanto desesperado puso sus manos sobre mi cadera y enterró los dedos en mi piel durante ese instante.

– Estas tan apretada… Quédate quieta un segundo – enterró aún más sus dedos y mordió mi hombro izquierdo – Te moverás al ritmo que yo te ordene, brujita… Necesito verte arder despacio.

Y ahí tenía a mi hermoso novio de mucama satisfaciéndome, gimiendo para mí.

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