Miedos pequeños

Desperté está mañana y sentí una diminuta paz creciendo en mi pecho ¿Qué fue? Ver que estabas descansando junto a mí mientras abrazabas una almohada; tu rostro mostraba tranquilidad y parecía que disfrutabas de un profundo sueño reparador. Seguramente habías caído rendido no hace muchas horas a causa de tu insomnio.

Sonreí… ¡Quién lo diría! Dazai-san compartiendo su cama más de una vez con la misma mujer, o eso era lo que murmuraban en la agencia después de un tiempo en que simplemente no permitiste que me mudara a otro piso ni recibiera protección de alguien más, habías dicho que no importaba cuánto trabajo pesado tuvieras, te harías cargo de la víctima de aquel atentado en el que se vio involucrada.

Después de muchas situaciones complicadas, otras un tanto tontas y la mayoría divertidas entre los dos, te tomé cariño; debo admitir que al principio me daba igual, pude estar ahí concentrada en lo mío hasta que de pronto te volviste constante, te hacías notar tanto que ya no pude ignorar…

Me gusta ser tu compañera de piso y recibirte con una sonrisa mientras pienso si debo lanzarme o no sobre ti; también aprecio cuando me compras chocolates y demás postres, pero me preocupa que mis sentimientos me pidan quedarme a tu lado sin saber lo que sucede en tu cabeza, lo que tú realmente quieres de mí.

Pienso que tal vez sea conveniente huir antes de que abras los ojos y quieras esconder tu rostro entre mi cabello… Antes de que te vuelvas una adicción.

Tal vez pueda amarte.

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