El amor corrupto – III

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Esta mujer provoca que Ray tenga episodios e intente tomar el control del cuerpo que me pertenece. ¿Acaso si la trato mal él se esconderá como sucedió hace un par de días? No lo quiero susurrando palabras estúpidas cada que la miramos, me hace perder los estribos…

Probaré, necesito que ese imbécil desaparezca.

Yo odio desearla porque da paz y valor a través de sus ojos.
Yo odio necesitarla como mascota para sentirme fuerte.
Yo odio quererla y rendirme ante ella como si mi vida dependiera de su existencia.

Un hombre amando en tres distintas formas.

Él pensó que la pequeña mujer rechazaría la ayuda para tomar el baño de tina, pero en cambio ella le sonreía sin importar que cuando sus ojos se cruzaban con los del joven, este le demostrara desprecio mientras lavaba cada rincón de su cuerpo con mucha delicadeza. Había silenciado a Ray prometiendo que sería amable con ella durante la ducha, pero era falso, sentía ya la urgente necesidad de fastidiarla aunque fuera un solo instante o terminaría golpeando a los seguidores que se encontrara devuelta a su oficina.

No quería ser castigado otra vez por la salvadora, no quería tener esos dolores de cabeza que lo aterraban, no quería ser el débil y permitir a Ray tomar el control.

– ¿Puedes recostarte? Quiero verte relajada, si es que es posible ante mi presencia – se burló de ella.
– Lo haré, Saeran – le acarició la mejilla y él quedó desconcertado.

La castigaría por tocarlo sin permiso.

Ella comenzaba a acomodarse en la tina para dejar su cabeza sobre una orilla, sin embargo, él la tomó del cuello con una mano y la sumergió durante unos segundos en los que no obtuvo resistencia…

A pesar del acto ella estaba sosteniendo la respiración, pero pronto se le acabaría el oxígeno guardado en sus pulmones y él parecía no tener la intención de permitirle emerger. Con ambas manos tomó la muñeca del joven e intentó retirarla sin mucho éxito.

La mirada de Saeran mostraba total satisfacción, asustarla y demostrarle al imbécil que la ilusa podía desaparecer en cualquier momento si este no le obedecía… Pero con el siguiente pensamiento comenzó a sentirse frustrado, si ella desapareciera, él tendría que iniciar una nueva búsqueda del juguete perfecto.

¿Si nadie me acepta como ella lo hace?

Se dio cuenta de que la mujer comenzaba a manotear y a arañarle la piel del brazo, así que la soltó y se alejó de la tina al instante; la vio levantarse de forma brusca, salpicando agua por todos lados y limpiando su cara, ella intentaba recuperar la respiración mientras Saeran miraba con temor desde lejos… Los ojos de su juguete le mostraron enojo.

Sintió que la cabeza le explotaría así que se arrodilló y la sostuvo entre sus manos mientras se quejaba del dolor insoportable, ese momento fue aprovechado por MC para salir de la tina y acercase hasta él. A pesar de lo que le había hecho, estaba preocupada por el joven.

– ¿Estas bien? ¿Saeran? ¡Saeran! – le tomó ambas manos y lo obligó a mirarla.
– ¡Déjame en paz! ¡Qué te he hecho! ¡Aléjate! ¡Yo solo te lastimo!
– ¿Ray? ¿Eres tú, Ray? – puso su mano sobre la mejilla derecha y la acarició con el pulgar.
– Te he lastimado, es inútil, deberías huir. Yo… lo… lamento… – introdujo la mano a su bolsillo y le entregó la llave.
– Ahora estas aquí conmigo – la tomó y le abrazó de forma cálida – Shhhh, estas a salvo.

El aroma dulce de las sales que se habían mezclado con el agua inundaba el lugar, pero no era suficiente para borrar el acontecimiento ni el terror en los ojos de Ray que simplemente miraban al piso.

A ella no le importó estar desnuda y escurriendo agua, intentaría calmar al corazón de su amor perdido mientras lo tenía entre bazos. Haría todo lo posible para mantener consiente a Ray, pues hasta ese momento sabía que era la personalidad dócil y aquella que si le permitía estar a su lado en cualquier momento.

Decidió sentarse en el suelo frío y húmedo para traer a su regazo a aquel joven que lloraba y susurraba un montón de disculpas por haberla lastimado. Con suavidad le besó la frente, lo dejaría descansar lo suficiente hasta que él pudiera sentirse tranquilo.

– No has sido tu Ray, por favor, no llores más… Mírame…

El joven levantó el rostro unos segundos más tarde después de escucharla, tenía las mejillas y la nariz roja, los ojos hinchados y aún llenos de lágrimas. No se resistió y llevó sus labios secos hacía aquellos que estaban mojados por el llanto, el beso fue lento y tentando terreno, no quería asustarlo ni atraer a Saeran tan pronto.

– Lo… lamento… princesa… – logró decir entre los besos que ella le regalaba.

Ray llevó sus manos hacia los hombros de su acompañante y pudo disfrutar de la piel húmeda y tersa ya que no tenía los guantes, se sentía culpable de la situación en que Saeran la mantenía: triste, maltratada, delgada, con su voz apagada…

Dejó de besarla solo para mirar con un poco de vergüenza el cuerpo de MC, pero la olvidó al darse cuenta de las marcas que cargaba en la piel, sintió aun más pena por estar vivo y haberle ocasionado tanto dolor a su dulce mujer.


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