De asesinos y unos amores

Le parecía divertido mirar como aquel cuerpo agonizando emitía su último suspiro; parecía que los ojos de aquel personaje sobre el suelo le suplicaban una oportunidad más, una en la cual le demostrarían amor puro

¿Para qué?

Él ya no necesita de eso, prefiere el sabor oxidado de la sangre sobre su cuchillo, y es que todavía no le relata a su víctima que ese líquido le ha causado una adicción. Muy mala suerte por haberse fijado en un ser decadente que afila el objeto antes de dormir.

También nuestro actor principal considera que es una lástima darse cuenta tan tarde sobre el sabor especial que le fue ofrecido en esta ocasión, pudo haberle mantenido con vida un tiempo más y degustar lento; simplemente le dará un beso de despedida mientras la figura recostada tenga las mejillas tibias.

¿La policía? No, esas personas no se ocupan de las víctimas a las que nadie añora.

Era inteligente y sofisticado para acaparar a los olvidados, fácil de enredar cuando la soledad les has pesado.

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