La prostituta

El detective con el poder «Indigno de ser Humano» es cliente recurrente del prostíbulo que se encuentra en una de las calles más olvidadas de Yokohama, donde posiblemente no se esperaría que alguien como él apareciera por ahí sino fuese debido a una misión. Un sitio medianamente elegante y demasiadas habitaciones, con personas extranjeras como clientes, mujeres y hombres abandonados tratando de sobrevivir.

De complexión delgada y bastante alto, una gabardina negra siempre le acompaña y le hace sobresalir desde que cruza el umbral; algunas jóvenes se acercan rápidamente con la intención de ofrecerle servicios por la buena paga o, sería mejor llamarlo «derroche de dinero», pero el castaño rechaza abruptamente a todas sin importar su belleza, ha pagado exclusivamente por una sola chica. Y es que el sueldo de la Mafia le dio suficiente para rentar la compañía de la fémina por largo tiempo solo para él. O mientras lograba aquella muerte sin dolor que tanto buscaba, pues nadie había sido capaz de matarlo aún.

Y nadie más tiene permitido pasar tiempo con la prostituta de 21 años.

Osamu Dazai tiene una ligera obsesión desde hacía meses con una mujer de baja estatura, escuálida, rostro triste de facciones suaves, cabello largo y castaño, pechos atractivos y cadera ancha, la cintura es de medida promedio, pero Osamu parece colgarse de ésta como si algún poder especial emanara.

La chica sabía que él jamás avisaba qué días la visitaría, era impredecible en todo aspecto, pero podía deducir su presencia cuando el alboroto alcanzaba hasta al segundo piso; por lo cual ese día entró a la ducha para asear meticulosamente cada rincón de su asquerosa existencia, era lo menos que podía ofrecerle al salvarla de aquellos seres que abusaban de ella desde que fue vendida a ese sitio. Un sitio del cual se desconocía su dueño, la mafia simplemente vigilaba que nada de lo que saliera de allí, les afectara.

Osamu alcanzó el segundo piso caminando tranquilamente y dejando su presencia ante la puerta de un café oscuro; el cuarto de su prostituta favorita. Sin atisbo de vergüenza, asomó la cabeza luego de abrir la puerta para mirar a la castaña andar despreocupada, pero la habitación estaba vacía y ordenada pulcramente, ni un rastro de la presencia femenina, mas un ligero goteo hacía eco.

─── Eri-Chan… ¿Dónde te has metido? ─── murmuró mientras daba unos pasos dentro.

Pensó que probablemente se encontraba en la ducha como de costumbre, ella se limpiaba por completo antes de atenderlo. Así que tomó asiento en el sillón gris y recargó la espalda, echó su cabello hacia atrás y dejó escapar el suspiro más pesado del día; andar persiguiendo a gente estúpida que cree que meterse con la Port Mafia es fácil, le fastidia, ya está ansioso por hundir su nariz en el cuello femenino y degustar el aroma limpio que tanta paz le da.

¿Debería esperar por ella para que le quitara aquella ropa y los vendajes? Sería la primera vez que pediría aquello, la primera vez que vería por completo la piel escondida bajo los pedazos de tela.

La pequeña mujer salió de la ducha luego de escuchar la voz llamándole desde la habitación principal, así que quitó el exceso de agua sobre la piel para colocarse una lencería de algodón en color blanco y una bata rosa de satín; su cabello quedó ligeramente húmedo en su espalda, pero no importaba, ese detalle jamás molestó al castaño que justo ahora le esperaba al otro lado. Con sandalías fue que abandonó la pequeña habitación llena de vapor y le sonrió al hombre del sofá.

─── ¿Por qué no me respondiste, Eri-Chan? Mi pobre corazón duele cuando lo ignoras… ─── hizo una mueca falsa de pesar y le extendió la mano ─── No hagas esperar más a este pobre hombre.

No ha evitado reír ante las palabras que recibió y avanzó hasta tomar lo que le ofrecían; y así de pie frente a él fue que la rodeó de la cintura recargando su mejilla en el suave abdomen femenino, el aroma a vainilla que desprendía el cuerpo lo estaba llenando de deseo.

─── Extrañé a Dazai-San, tardó días y días en visitarme… ─── reprochó con respeto mientras le acariciaba dulcemente las hebras castañas, de alguna manera ella le había tomado cariño.

─── Eri-Chan… Hueles tan delicioso que ya me la has puesto completamente dura ─── dio un beso al vientre y aspiró de forma ruidosa ─── También extrañé a la tonta que me soporta.

─── ¿Debería? ─── le respondió con premura y cierta preocupación, aunque él jamás le había lastimado, experiencias anteriores la alertaban despertando un comportamiento totalmente sumiso para evitar golpes.

─── Aún no… ¿Por qué sigues comportándote así? Me hace creer que te causo terror…

─── Lo lamento, Dazai-San, no fue mi intención ─── y las disculpas excesivas también eran para prevenir ser castigada.

El joven levantó la vista, desde ahí apreciaba la curva de sus pechos tersos, pero como buscaba admirar su rostro tuvo que separarse a regañadientes de la calidez.

─── ¿Ahhh? No te estoy reprendiendo; Eri-Chan debe relajarse, así que la ayudaré ─── posó sobre su regazo los glúteos que adoraba y teniendo como vista la espalda cubierta de satín ─── Acomódate correctamente.

─── ¿No le lastimo? ─── se sonrojó, ha podido identificar perfectamente lo que acaricia la línea de su agraciada retaguardia, y se ha sentido torpe, eso no es nuevo, lo que si es… Las burbujas en su corazón emocionado.

─── ¿Lo dices porque estoy excitado? Al contrario, esa carne contra mi erección aún si se interpone la tela, es como un manjar ─── le susurró al oído mientras deslizaba la bata para descubrir su lencería y posar ambas manos en cada pecho ─── Son grandes… No importa cuántas veces los mire y los toquetee, nunca será suficiente.

Eri ha gemido muy suave ante el pequeño apretón que sintió en cada seno, por instinto ha comenzado a balancear su cadera hacia adelante, hacia atrás buscando su propio placer mientras despacio el sitio entre sus piernas se torna húmedo y tibio.

─── No debería estar tan seguro, Dazai-San… ─── sus manos están colocadas sobre los costados del sillón dando libertad total al mafioso que se relame los labios para no dejar escapar ningún quejido de placer todavía.

─── Son hermosa y suaves… Y tus pezones atrapados en el sostén tienen sabor vainilla… A veces un poco a sal cuando los chupo luego de que te he hecho sudar excesivamente ─── ha liberado al par solo con bajar ligeramente la tela, y jugar los botones entre sus dedos ─── Exigen mi atención ¿Sabías?

Le obsequió un masaje con sus manos hábiles, paseó los labios sobre la nuca femenina y lamió sobre la línea de los hombros, el derecho, el izquierdo. Los ruidos agudos y la respiración agitada de la joven le resultaron suficiente pagó, pero ella estaba para complacerlo ¿No? Y se preguntaba cuán húmeda estaba luego de estarse frotando sobre él todo el rato.

─── ¿Me permite servirle, Dazai-San? ─── se detuvo y llevó sus manos sobre las masculinas que aún tenían atrapados a sus senos.

─── Solo si me darás lo que tienes entre las piernas, sino quédate quieta Eri-Chan ─── sus dedos se trasladaron hacia los muslos quitando la tela de la bata que podía estorbar; los apretó con un poco de fuerza hasta marcar sus dedos y los deslizó hasta los glúteos para amasarlos un momento.

El castaño degustaba la comida lentamente; atendía el cuerpo de Eri parte por parte y la calentaba hasta saberla en el punto exacto en el cual entrar en ella resultara demasiado fácil. Fue de esa forma que ahora él guiaba el movimiento de cadera que daba a su entrepierna placer.

Por su parte, ella continuó con los jugueteos sobre sus pechos con sus propias manos, gemir era inevitable que poco a poco resultaba más escandalosa, que los labios del joven recorrieran su piel desnuda la ponía a tope causando cosquillas que seguían concentrándose en su vientre bajo.

─── Lo haré, Dazai-San… ¿Quiere ir a la cama? Debe estar cómodo para eso.

─── ¿Cama? Prefiero justo aquí… ─── su dedo índice de la diestra alcanzó la entrepierna femenina, la braga era suave y estaba mojada; eso significaba que su pantalón estaría manchado otra vez ─── ¿Me deseas? ─── hizo a un costado el pedazo de tela e introdujo el dedo por completo.

Pudo haberle dado caricias pequeñas y complacer su punto débil, pero la erección dentro de su pantalón comenzaba a molestar y ese hueco era lo único que deseaba ya; la estrecha cavidad de la mujer era su perdición.

─── D-Dazai-Sa-n… Mmgh ~

─── Eri-Chan es tan sexy… Ya no soporto más ─── dio mordiscos sobre su hombro ─── Quiero metértela, cogerte, follarte. Quiero que Eri-Chan engulla mi falo por completo…

La puso de pie para retirarle la bata y las bragas hábilmente, otro día llenara de besos las piernas de su pequeña prostituta; la ha nalgueado con fuerza pues gusta de escuchar los quejidos suaves de la mujer.

Desabrochó su pantalón y bajó el zipper; metió la mano para sacar su pene duro y darse un par de caricias desde la punta hasta la base mientras miraba el trasero de Eri y le frotaba los labios mayores con un par de dedos.

Había algo importante que hacer, así que los dedos húmedos buscaron en el bolsillo de su pantalón el preservativo, lo menos que desea es engendrar a un desgraciado como lo es él; ha colocado el látex en su sitio para proseguir su sesión de juego.

─── Ven aquí ─── le tomó de los glúteos abriéndolos un poco y guiarla en el descenso para adentrarse en su intimidad; observar como desaparecía su erección y sentirse apretado, era la magia de esa mujer, ninguna otra de las tantas con las que se había acostado ─── E-eres encantadora…

Por primera vez desde que comenzó a tocar a Eri, Dazai dejó escapar un quejido de placer, había llegado al fondo y sentía caliente…

¿Pero quién era realmente esa mujer?…

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