Días ordinarios II

Draken se ha tomado el tiempo suficiente para poco a poco comprender el dolor que Manjiro parece evadir en su «corazón» a causa de la pérdida de Shinichiro, pues evoca los recuerdos como si existiera en el presente. También ha visto el montón de veces en que éste cambia de parecer buscando ser ese alguien que proteja a quienes conforman Touman; y es que una de las razones por las cuales existe su pandilla es eso, resguardar a los suyos tal cual lo hacía su hermano.

No tiene ni puta idea de cómo seguir ayudando al caprichoso que suele llevar en la espalda más de una vez a la semana porque se queda dormido luego de comer… Tal vez se preocupa de la falta de madurez para reaccionar cuando el otro le colma la paciencia, porque él también es un adolescente idiota que no tiene padres y continua criándose dentro de un burdel.

Lo intentará cuántas veces se necesite, así que el cariño que no ha podido ofrecer a quienes le abandonaron lo entrega a discreción hacia sus amigos más cercanos, siendo el tipo de ojos grandes y amante del dorayaki el afortunado de quedarse con la mayor atención.

El tipo del tatuaje puede ver en el rostro de su contrario cómo los fantasmas le acechan, pero no le dice nada hiriente, y nunca lo hará ¿Cierto?

─── ¡Oi! ¡Limpia debajo de los muebles, Mikey! ¡Es un asco! ─── le ha reprendido cuando tuvo que agacharse para recoger la liga del cabello que resbaló de sus dedos mientras se encargaba de peinarlo.

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