Recuerdos Agridulces

Mientras charlaba con Mikey sobre cómo éste le robó su primer beso cuando aún eran unos niños desastrosos, recordó a la dulce Aoi, una compañera del instituto que llamaba su atención. Ella tenía cabello negro y ondulado, sonrisa amable y ojos pequeños tan oscuros como media noche, ligeramente más alta que su mejor amigo rubio.

En clase, solía sentarse detrás de la niña y ofrecerle halagos sobre las hebras negras que a veces terminaban cubriendo su cuaderno después de que ella se disculpara, le cargaba los libros cuando iban en la misma dirección y charlaban sobre las tareas o lo que harían por la tarde. Aoi resultaba tan contraria a Manjiro, pacífica y tolerante, ayudaba al pequeño Draken de vez en cuando en clase y le ofrecía de su almuerzo todos los días.

Pero en el fondo, Ken-Chin se portaba distinto solo frente a ella intentando encajar con lo que a su corta edad creía que Aoi merecía; sin embargo, cuando volvía para pasar las tardes con Manjiro se sentía ligero y natural, siendo un tonto y riendo a carcajadas.

La voz de Mikey le sacó de su pensamiento.

── Aún me pregunto que hubiera pasado si la hubieras besado…

Sonrió con suavidad hacia su novio, ese que aún exige banderitas del menú infantil.

── Nunca lo sabremos, enano, pero me gusta lo que tengo ahora ── lo alcanzó por detrás solo para atraparlo reposando sus brazos en los hombros, y la barbilla cerca de su cabeza ── No cambiaría nada incluso si pudiera volver el tiempo.

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