La Leona contra el Dragón

Importante:

El siguiente escrito es resultado del rol desarrollado junto a mi linda amiga Nao; los créditos de la historia son para ambas y no habrá adaptación a un solo texto, por lo cual identificarán la perspectiva de cada personaje con los siguientes nombres:

La historia es AU donde Ken Ryuguji (Draken) se vuelve mafioso, y por azares del destino le encomiendan proteger a una mujer norteamericana.


Catherine:
La primera vez que escuchó del burdel, creyó que le enviarían ahí para vender su cuerpo a quien fuera que pagara por él.
Pero se equivocó.
Su jefe inmediato no sólo estaba consciente del pasado de Catherine, sino también de sus habilidades. Al ser la viuda de Gallian, ella debía ser protegida. Pero al ser ex policía, entonces también debía ser usada.
Es por eso que estaba ahí.
El negocio de los prostíbulos era rentable y menos peligroso, pero no estaba exento del caos. Por ello «Cathy» fue enviada ahí.
—No entiendo cómo vas a pretender ser una pv/t/a si no te quitas esa argolla.— Le dijo el encargado, quien tampoco parecía convencido de tener a la esbirro de su jefe asomando las narices en el local.
—Eso es porque no voy fingir eso.— Dijo mientras encendía un cigarrito. Le valía si no le gustaba su respuesta. Que la maten, le harían un favor.— Mejor tú finge que me quieres. —Le dijo a una de las chicas del burdel.— Fíngeme amor. —Le pidió.
—Ja. —Respondió sarcástica la mujer.— Si buscas eso consigue pareja. Aquí damos sexo, no estupideces. —Chasqueó la lengua.
Catherine observó cómo el escote de aquel vestido llegaba casi al ombligo de la jovencita.
Sus ojos rodaron por la barra y encontró la figura de un hombre alto que, al juzgar por su apariencia, debía ser uno de los empleados de ese lugar. Y, al juzgar por lo cerca que se encontraba, seguro oyó la conversación de esos tres.
—Entonces tú. —Lo llamó la «tiradora».— Finge que me quieres.

Draken:
El edificio en el que se alojaba el burdel más importante de Shibuya y donde justo pasaba la tarde relajado en la barra, le pertenecía; el resto de casas de citas en Tokyo, también.
La mafia y los negocios sucios, el dragón gemelo eligió no salir del ambiente en el que siempre vivió.
Prestó poca atención a la escena, prefirió seguir inmerso en su pensamiento hasta que al parecer el silencio indicó que aquella frase « Finge que me quieres » era para él. Una de las chicas del burdel se aclaró la garganta, pero no dijo más.
Ryuuguji levantó la mirada del trago que hacía mover entre sus dedos, un whisky en las rocas solo para refrescarse. Ella parecía sonreír sarcástica y si se volvía más entrometido, halló un deje de tristeza en sus ojos. Nada diferente de todos los que llegan ahí por motivos que no le interesan.
— ¿Cuánto pagarás? — colocó el cristal sobre el portavasos y ambos brazos fueron recargados sobre la barra — es un servicio fuera de lo convencional por aquí.
Pero no se lo negará; sonrió con sorna hacia la recién llegada mientras abandonaba su asiento. Tal vez más tarde le cuente que su puesto no es de prostitu/ción.

Catherine:
—¿Tú también me vas a decir que me consiga una novia? —Bromeó mientras sacudía el cigarrillo sobre el cenicero. —Pagaré lo que tenga que pagar, hombre.— Atrevidas palabras de alguien con una argolla en el anular. — ¿Puedes o no puedes?— Después de todo, la actuación no es algo que se le daba a cualquiera.
Fingir amor puede ser… difícil.
Le dio una caladita al cigarro.
—¿Quieres algo a cambio? ¿O sólo dinero?

Draken:
— ¿Acaso crees tener algo que me interese? A excepción de tu solicitud — se acercó para tomar lugar a su costado mientras le miraba fumar y más de cerca — Para mí, es simple distracción, despreocupate del dinero.
La idea de fingir amor por ella le resultaba atractiva, se ha aburrido de su soledad y de las mujeres del burdel.
— Puedo fingir todo lo que quieras, usar argollas si te apetece — le ha dicho cínico mientras señala la de su mano con un simple movimiento de su cabeza.

Catherine:
Si él no sabía que pedirle a cambio, Catherine sólo podía pensar que le faltaba determinación.
No obstante, Draken se le acercó.
A ella le estaba gustando.
—Entonces eres gratis.— Concluyó mirando al frente, donde estaban los adornos y las botellas.— ¿Pero para qué quieres una argolla? —Preguntó con genuina curiosidad. Apagó el cigarro en el cenicero y lo dejó ahí.
Los expresivos ojos de Catherine rodaron hacia los ajenos. Su acompañante tenía facciones rectas y masculinas, con unos ojos rasgados que le parecieron sumamente atractivos… Confiables, también, si es que se podía decir.
—Mejor dime una cosa.— Se le acercó para hablarle cómplice, bajito: — ¿Me quieres?

Draken:
— No te confundas, en lugares como éstos, nada es gratis.
Sostuvo la mirada genuina de la joven y le devolvió una sonrisa más. La argolla solo sería un favor por los ojos bonitos que probablemente más tarde se mantendrían cerrados a causa de cumplirle el capricho.
Posó una de sus manos sobre el brazo de la fémina como simple muestra de cortesía para resaltar la cercanía que ella demandó.
— Te quiero… — y llevó su voz hasta el oído descubierto solo para susurrar — ¿Cuál será mi nombre, Catherine?
Ryuguji conocía a la mujer, era claro que estaba al tanto de quién llegaba y quién se marchaba de sus dominios. Le entregó una tarjeta, era la llave de una «habitación especial».
— Último piso.

Catherine:
Curiosa, la norteamericana quedó atrapada por esa sonrisa.
Si no es gratis ¿Cuál iba a ser el precio?
La incertidumbre y la sensación de peligro le dieron vuelo a su corazón.
«Te quiero.» No es cierto.
Tomó la tarjeta entre el dedo índice y el medio. No era sorpresa si él sabía su nombre. Aunque ella parecía desconocer el suyo.
—Tú no tienes nombre.— Afirmó atrevida.
Draken no sería llamado de ninguna forma a menos que éste, durante el sexo, le arrancara a Catherine la voz.
El nombre estaba grabado en su anillo de cualquier forma.
—Bien.— Deslizó el dorso de sus dedos por el mentón de él.
Le gustaron sus facciones orientales, con esos bordes rectos y los ojos rasgados le resultaba tan masculino, tan… «japonés».
Subió a la habitación y se metió al baño para darse una ducha. Sumergida en la tina, completamente desnuda, lavó su cabello y su piel, retirándose incluso las lágrimas de las mejillas.
No se quitó la argolla.
Ni lo haría.

Draken:
Por lo visto ella era el tipo de mujer que no hay en el burdel, una a la que no intimidas y mucho menos sale impresionada a la primera. Al contrario, pone sus cartas sobre la mesa y terminas eligiendo solo lo que ella ofreció.
Probablemente se debe al trabajo que ha forjado su actitud.
Pero no le interesa en lo absoluto, Ryuuguji solo pasará el rato como lo ha hecho desde hacia tiempo, vacío y sin la inquietud de adquirir una compañía constante que le cause un dolor de huev/os.
Su papel y estilo de vida no le permite disfrutar una vida promedio.
Así que esa habitación sería el sitio de sus juegos, el único lugar en el que fingirá quererla.
Después de haber recorrido el lugar sin tener señal de la rubia, fue un golpe suave de sus nudillos sobre la puerta del baño y su voz atravesó la corta distancia.
— ¿Todo bien ahí dentro, cariño? — sonrió para sí mismo, una palabra poco usada en su vocabulario — También necesito ducharme.
Y aflojar los músculos en agua caliente antes de tener que regresar a la cama.

Catherine:
Había estado escuchando los pasos de Draken por la habitación, así que no le sorprendió oír que llamaba a la puerta.
—Te estaba esperando.—Respondió mientras jugaba con la espuma en sus brazos. —Ven.— Se le ocurrió que podía. Jugar antes del sexo. Si el otro aceptaba, entonces sabría que valdría la pena. Si no, quizá era de esos que «sólo saben meterlo».
—Puedes bañarte conmigo y lavarme el cabello. —

Draken:
Abrió la puerta enseguida y la aseguró cuando se introdujo donde ella reposaba. La parte importante es que le permitiría tomar la ducha.
— ¿Lavar tu cabello? — murmuró mirando en su dirección y lo pensó un poco al darse cuenta que lo tenía recogido con restos de espuma — Lavar tu cabello.
Confirmó y retiró la vista de ella.
Sin premura, se retiró ambos zapatos y calcetas, les acomodó en su sitio, quitó el saco oscuro y lo colgó en el gancho, desabotonó uno a uno la camisa y fue a donde la prenda anterior. Su torso expuesto no le interesaba, ahora se hacía cargo de abrir el pantalón y bajarlo junto a la ropa interior para alcanzar la desnudez exigida si quería ducharse.
— Hazme un espacio — le ordenó mientras soltaba su cabello y caminaba hacia el destino temporal.

Catherine:
Mirarlo desvestirse fue un verdadero espectáculo. Catherine pudo ver esas prendas deslizándose sobre su piel cual si estuvieran repartiendo caricias. Hubieran sido sus manos en lugar de las telas… Pero, entonces no lo hubiera deseado tanto fantaseando con su calor y su textura.
Su mirada siguió las líneas en su abdomen y su vientre, bajando conforme se descubría.
Tragó grueso.
Podía sentir su cuerpo despertarse sólo de mirar el ajeno… Podía sentir, entre sus piernas, leves cosquillas que le hicieron frotar un muslo contra el otro.
Recogió las piernas para dejarlo entrar al agua tal como él «ordenó». Pero ese tono, quizá, se debió a la costumbre de mover a todos a su antojo.
Desde luego ella no podía ser como «todos», no en ese momento que jugaban a quererse.
—¿Por qué me hablas así? ¿Te enojaste conmigo, mi amor? —Dijo alzando las manos para desatarse el cabello. Luego tomó el shampoo en sus manos húmedas y lo esparció por el pelo del otro cariñosamente. Mientras le colocaba el shampoo y la espuma sus manos estaban repartiendo caricias…

Draken:
— Lo lamento, cariño, no fue mi intención ser brusco — entró a la tina dando la espalda y acomodándose entre dos hermosas piernas que apenas logró ver por la espuma abundante — Solo quería entrar ya.
Así fue como obtuvo que ella atendiera su cabello detenidamente sintiendo un masaje que le relajó por completo, mucho tiempo desde que unas manos delicadas y letales le habrían de recorrer las hebras a modo de caricia.
Sonrió.
— ¿Te gusta lo que tocas? — le atrapó las manos y sin atisbo de vergüenza se recargó en los pechos de la mujer, suaves y de tamaño perfecto para dormir sobre ellos, le hizo reposar las palmas encima del abdomen marcado y él alcanzó la pantorrilla haciendo que la elevase afuera del agua — Bonita.
Pero la piel blanca tenía moretones en verdes, lilas y azules. ¿Tan mal había sido el viaje hacia Japón? La curiosidad le llenó, probablemente el cuerpo completo estaba magullado.

Catherine:
Lo recibió en la tina como si se conocieran.
Con los dedos, Catherine le peinó el cabello con agua y espuma hasta que Draken se lo impidió. Sus manos de dedos largos y menudos quedaron atrapadas entre las ajenas, haciendo contrastes por su tamaño.
Le gustó sentirlo en su pecho.
Descarado.
Sonrió complacida y acarició esos abdominales con las puntas de los dedos como si delineara sus surcos… sus formas…
Ese hombre, fuera quién carajos fuera, sabía lo que tenía. Y lo aprovechaba, dándoselo a ella generosamente.
—Me gustas.— Dijo para resumir, mientras ceñía esos brazos a él para rodearlo por sobre los hombros. Cerró los ojos y recargó la cabeza en él, tranquila.
Usó el empeine de esa pierna alzada para acariciar, deslizándose por la extremidad ajena en un tinte sensual.
—Afuera debo estar alerta todo el tiempo… —Masculló.— Pero dime si contigo estoy a salvo. —Tomó agua con sus manos para enjuagarle los restos de jabón y, luego, las pasó por sus costados hasta abrazarle por el pecho. Recorrió esos pectorales disfrutando el tacto.
Fue exquisito.
—Te eché de menos.— Susurró.— No importa lo que digan, ni lo que piensen… —Lo abrazó más fuerte.— No me dejes…

Draken:
Cerró los ojos un instante corto.
Claro que ella gusta del dragón, todas las mujeres -y algunos varones- del burdel lo insinúan y aquellas descaradas lo dicen directamente. No era raro que uno que otro cliente osado preguntara por él cuando le veían andar despreocupado por algún pasillo. No, Ryuuguji no estaba en el menú.
— Yo cuido de ti, cariño — pronunció con voz a bajo volumen, le gustaba el sonido de chapoteo y la respiración de la fémina cerca de su oreja — Así que afloja el cuerpo ya.
Fue gratificante el tacto delicado que ella le regaló con cada parte del cuerpo y la vista exquisita de las manos y lo poco de su hermosa pierna siendo dócil. Contrario a excitarle como cualquier hombre frente a esa belleza sufriría, él comenzó a sentirse sumamente relajado.
Alzó la diestra para rozarle la mejilla, un toque suave que deslizó hasta hallar la curva del cuello para delinear y entonces atrapar la nuca; un suspiro fue lo que escapó de su pecho y sonrió, eso de fingir amor era divertido.
— ¿Debería llevarte conmigo a todos lados? — también reposó su cabeza junto a ella — Así no me echarías de menos, y yo podría admirar esa sonrisa cada que quisiera.

Catherine:
Jadeó, perdiendo el aliento un instante. Ryūguji le robaba la voz y el aire, haciéndola sentir un tanto nerviosa y expectante.
—¿Me extrañaste también? ¿O supliste mi cuerpo con el de otras mujeres? —Celos.
Celos fingidos, porque realmente le importa una mierda.
Pero la pregunta no fue acusadora sino curiosa.
—Sí quiero acompañarte. Te esperaría todas las noches en la cama, para recibirte con los brazos abiertos. —O más bien las piernas.
Sonrió con lascivia.
—¿Quieres tener sexo ahora? —Acarició su pecho y luego fue bajando por su abdomen y un poco más.

Draken:
— ¿Crees que valdría la pena suplirte, cariño? — le tanteó un muslo de forma lenta, en un ir y venir que alcanzó la parte interna, sonrió orgulloso por esos celos hermosos, por ese papel de mujer enamorada que le salía bastante bien — Aún en la misma tina, te extraño.
La mano que atrapaba la nuca fue entonces a detener a las intrusas que se perdían bajo el agua, les cortó el camino con brusquedad.
— Vamos a la cama — se irguió levemente y giró el torso para medio mirarle, los labios entreabiertos de Catherine le pidieron a gritos ser besados — Me disgusta que el agua te cubra, quiero verte.
Fue directo a su boca y siendo suave solo dio un beso pequeño, Ryuguji no tenía prisa, pero al parecer su amante sí; tentarla y desesperarla sonaba a una idea entretenida.

Catherine:
Por un momento se preguntó cómo es que ese jefe criminal podía ser tan cuidadoso y tan romántico. Luego, sólo tuvo que recordar que estaban jugando.
«Si fuera real, con quien fuera que fuera… No sería así.» Pensó amargamente.
Era difícil fingir que ese hombre era Oliver, porque su marido era, por mucho, diferente de él.
—Te estás haciendo del rogar.— Deslizó las falanges por esa mandíbula y buscó sus labios para besarlos también.
Le sonrió.
—Vamos.— Salió de la tina escurriendo agua. Pronto, cubrió su cuerpo con una toalla grande. Las suaves hebras le acariciaron la piel.
Enredó su cabello con una toalla más pequeña y, después, tomó una más para secar a su «marido» al menos de aquellas zonas fuera del agua.
Le mimó los brazos con la esponjosa tela… Los hombros… El cuello…
Se descubrió otra vez, desnudándose ahora frente a los ojos ajenos. Y, aunque esa no fue su intención, Draken podía ver que ella estaba herida.
La piel de Catherine llevaba moretones por aquí y por allá… Lesiones en la cadera y el costado, de esas que sólo se hacen cuando se hiere la carne viva.

Draken:
Se echó a reír de forma ligera cuando Cath le liberó los labios.
— ¿Del rogar? Solo estaba siendo atento con mi mujer — apenas miró el cuerpo que salió del agua, ella ya lo había cubierto con una toalla, de las pantorrillas pudo notar ligeros golpes frescos, mas desvió la vista — Pero si lo que quieres es suplicar, solo dilo.
Ser atendido era reconfortante, pero la sensación se interrumpió cuando la tela dejó al descubierto a su pequeña acompañante y la historia que contaba la piel. Estiró el brazo más cercano a ella y fueron las yemas de sus dedos las que rozaron bajo las clavículas los moretones hasta llegar a uno de los hombros.
— Catherine… — susurró, sintiendo un atisbo de preocupación, podrían tener sexo, pero las heridas recientes iban a molestarle, a menos que la esbirro fuese ese tipo de masoquista — Te llevaré a dormir por hoy…
Apenas tocó el costado retiró los dedos para no incomodar y sonrió para ella una vez más. Salió de la tina y apenas terminó de secar las gotas de agua, la tomó entre brazos. Podía ser un imbécil engreído, así que fingió para sí mismo que la nota de inquietud mostrada en sus ojos era parte del juego.

Catherine:
—No me molestaría suplicarte.— Dijo de broma. No obstante la expresión divertida en su rostro se borró.
Draken acababa de rechazarla para follar.
Se molestó, sí ¿Es que no le gustó verle los moretones? ¿Era demasiado? ¿¡Eso la hacía indeseable?!
—Tsch…— No demoró en expresar la inconformidad, pero el otro se las arregló para llevársela a la cama con una delicadeza tal que la francotiradora fue incapaz de reclamar.
Suspiró, recargándose en el pecho ajeno.
—Tú también necesitas descansar…—
No comprendió por qué estaba rechazándola para tener sexo, pero luego lo supo:
Se supone que se aman.
Le dieron ganas de llorar.
Desnuda se recostó en las sábanas. La tela suave se rozaba contra su piel, como si fueran caricias. Y se escondió entre las colchas.
Lo primero que pensó fue que no iba a dormir para no quedar vulnerable… Lo segundo, que sentía su cuerpo hundirse en la cama…
Luego se quedó dormida.

Draken:
— No deberías preocuparte por mí.
Fue lo único que pronunció antes de seguir el camino hasta la cama con ella sobre su pecho, lo único que pronunció antes de dejarla sobre el colchón y terminar de cubrirle con las cobijas que ella misma ya había echado encima.
Era un pequeño rollo escondiéndose o alistándose para dormir, aún así le pareció un hábito extraño.
Apagó la luz de la habitación dejando simplemente la pequeña lámpara junto a la mesa iluminando tenue y suave. Subió a la cama junto a ella y le dio su espacio mientras fumaba un cigarrillo, lo gracioso fue escucharla suspirar, después un leve ronquido.
— ¿Y así querías tener sexo? Seguro no ibas a aguantar ni la mitad… — susurró y le miró; también buscó descubrir el rostro de la joven — No vayas a ahogarte.
Un par de horas fue lo que Draken se mantuvo despierto entre pensando a qué jugaría y admirando a Catherine, una mujer que a los ojos de muchos en el burdel era hermosa, pero con un genio de los mil perros.
Se levantó y tomó su ropa para vestirse tranquilamente en el baño. Después se marchó de la habitación hacia la propia, no tenía nada más a qué quedarse ahí.

Catherine:
No supo ni cuándo se quedó dormida, sólo despertó con la luz del sol.
«Me dormí.» Pareció alarmada. Había bajado la guardia.
Cuando recordó lo que había ocurrido sólo volvió a tirarse en la cama otra vez.
«De verdad iba a acostarme con él.» Pero el tipo la dejó ahí y se fue.
Tras unos instantes se sentí en la cama y comenzó a peinarse con los dedos. Su cabello aún estaba húmedo… Era de esperarse.
Supuso que «el juego» había terminado. De lo contrario, el otro hubiera permanecido con ella hasta el amanecer.
Peor es nada.
Sonrió y se miró las manos para quitarse los cabellos que se le hubieran podido enredar. Entonces se dio cuenta de una cosa.
No estaba su argolla.
«No me la quité.» La ira le subió hasta la cabeza con efervescencia. «… Él la robó.»
Iba a recuperarla, no importaba si tenía que torturar a un alto mando criminal. Morir la tiene sin cuidado.
Se levantó de la cama, echando la sábana a un lado y…
«Ping»
El sonido metálico del anillo al caer al suelo la hizo mirar.
Ahí estaba.
Recogió la argolla y se la colocó en el anular, arrodillada y con la frente contra el colchón.
Empezó a llorar.


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